-Te
voy a decir una cosa. No te ofendas, ¿vale?
-Claro
– respondí con una sonrisa que compartía significado entre un jugueteo
divertido entre mis dedos y su brazo, cubiertos de sudor, y algo de inseguridad
conquistando brevemente un espacio en los recovecos que esconde mi frente.
-Yo
pensaba que te gustaban los hombres.
Mi padre nunca vio Ugly Americans. Casi nadie
que conozca lo ha hecho o la recuerda. No lo necesitó para plasmar medio
consejo del zombie compañero de piso del protagonista: “Nunca tomes decisiones
con una erección.” Por motivos que se me antojan evidentes, mi padre nunca
llegó a terminar el consejo con un “ni con un chupito de tequila en el cuerpo.”
Repasando el consejo, decidí meter la bala en
la recámara, darle una vuelta, posicionar el cañón en la sien y apretar el
gatillo.
Normalmente buceo a estas profundidades con
un buen radar, que a veces se dispara y me marca el camino a los tesoros que yo
más busco cuando me enfundo en neopreno. Normalmente. Por suerte, hoy que falló
el escáner, tuve el tacto agraciado y, acariciando las rocas correctas, llegué
a notar el oro entre mis muelas. Porque si uno no lo muerde, ¿cómo sabe que es
de buenos kilates?
En algún momento se volvió a encender, cuando
estaba a más profundidad, y desenterré un galeón olvidado. Me gustó tener a mi
compañero en el oído señalándome la ruta y sentí con desolación su desaparición
posterior, en la inmensidad de la oscuridad de la noche bajo el mar, sin luz
roja, sin luz azul, sin luz. Mis manos y yo. La respiración agitada de vez en
cuando. Ni una vez se mentó a Dios.
El cielo está cerrado a estas horas y el
infierno demasiado lleno para entrar sin zapatillas. Nos conformamos con un
rinconcito en el purgatorio.
Llevo un tiempo recorriendo aceras sin
sentido, colgando carteles con fotos de antiguos resultados, sin mucho éxito.
Para no perder la ilusión, dejé un anuncio en el periódico y mucha gente llamó,
pero nadie supo darme el paradero definitivo.
Se busca orgasmo color ojos en blanco, sabor
saliva y sudor y texturas como de convulsión agitada y severa. Se precisa que
suene a desvanecimiento con tonos de hiperventilación y quejido flamenco.
Razón: aquí.
Miguel Ángel. 25/05/2025, Sevilla
