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jueves, 3 de julio de 2025

Relatos en mute

-Te voy a decir una cosa. No te ofendas, ¿vale?

-Claro – respondí con una sonrisa que compartía significado entre un jugueteo divertido entre mis dedos y su brazo, cubiertos de sudor, y algo de inseguridad conquistando brevemente un espacio en los recovecos que esconde mi frente.

-Yo pensaba que te gustaban los hombres.

 

 

 

  Mi padre nunca vio Ugly Americans. Casi nadie que conozca lo ha hecho o la recuerda. No lo necesitó para plasmar medio consejo del zombie compañero de piso del protagonista: “Nunca tomes decisiones con una erección.” Por motivos que se me antojan evidentes, mi padre nunca llegó a terminar el consejo con un “ni con un chupito de tequila en el cuerpo.”

  Repasando el consejo, decidí meter la bala en la recámara, darle una vuelta, posicionar el cañón en la sien y apretar el gatillo.

 

 

 

  Normalmente buceo a estas profundidades con un buen radar, que a veces se dispara y me marca el camino a los tesoros que yo más busco cuando me enfundo en neopreno. Normalmente. Por suerte, hoy que falló el escáner, tuve el tacto agraciado y, acariciando las rocas correctas, llegué a notar el oro entre mis muelas. Porque si uno no lo muerde, ¿cómo sabe que es de buenos kilates?

  En algún momento se volvió a encender, cuando estaba a más profundidad, y desenterré un galeón olvidado. Me gustó tener a mi compañero en el oído señalándome la ruta y sentí con desolación su desaparición posterior, en la inmensidad de la oscuridad de la noche bajo el mar, sin luz roja, sin luz azul, sin luz. Mis manos y yo. La respiración agitada de vez en cuando. Ni una vez se mentó a Dios.

  El cielo está cerrado a estas horas y el infierno demasiado lleno para entrar sin zapatillas. Nos conformamos con un rinconcito en el purgatorio.

 

 

 

  Llevo un tiempo recorriendo aceras sin sentido, colgando carteles con fotos de antiguos resultados, sin mucho éxito. Para no perder la ilusión, dejé un anuncio en el periódico y mucha gente llamó, pero nadie supo darme el paradero definitivo. 

  Se busca orgasmo color ojos en blanco, sabor saliva y sudor y texturas como de convulsión agitada y severa. Se precisa que suene a desvanecimiento con tonos de hiperventilación y quejido flamenco. Razón: aquí.

 

Miguel Ángel. 25/05/2025, Sevilla