NO ME JODAS. Tiene cuarenta y pocos años. ¿Tengo que agarrarla de las
piernas, tirarla al suelo dándole una hostia en la cabeza y empezar a reanimarla
rompiéndole alguna costilla? ¿Era ella una de las LET? ¿Por qué coño sé que
tiene un hermano y no si es una LET? PIENSA. Su puto hermano te va a meter un
puto puro de la leche si la cagas. ¿La has cagado ya? ¿Hay espacio para más
esperpento?
Así que, como acostumbro, me la juego. Lanzo el puñal al aire y respondo
con la más absoluta calma “Tenemos que confirmarlo, necesitamos un electro”
mientras noto que no hay latido. Me ayuda en mi decisión de no empezar con el
espectáculo que este hombre no se haya levantado a zarandearla para
despertarla.
Salgo al pasillo y con un grito consigo a Alfredo. Con el pulso a mil
por hora, aproximadamente, le hago señas para que me diga si es LET o no y su
sonrisilla guasona disfrutando de mi ataque al corazón mientras empuja el carro
de paradas me tranquiliza.
Vuelvo a entrar para ver a un hombre desecho. Me abraza con fuerza y me
da las gracias mientras yo siento que no he hecho nada útil y aún dudo de si me
la he cargado yo de una risa inoportuna.
