Entradas populares

jueves, 9 de octubre de 2025

AVE

  Si tuviese que explicarlo ante un jurado, diría que me ha pasado un tren por las entrañas.

  Siento como si algo las hubiese atropellado a toda velocidad y sólo quedasen las marcas en los intestinos y sus pliegues. Y esto es preocupante porque, como dijo Cervantes a través del Quijote, la salud se fragua en las oficinas del estómago.

  ¿Qué voy a hacer yo con un espacio arrollado como centralita? Últimamente no paro de pillar resfriados y enfermedades.

 

 

  Cuando pienso en lo que me ha preocupado la compañía a lo largo de mi vida comienzo a entenderlo. La soledad es algo que asusta a todo el mundo a mi alrededor. Deseosos de tener mala comitiva con el simple propósito de estar complementados.

  A mí me gustaría poder decir que he llegado a un punto en el que he trascendido esa necesidad, pero sólo he racionalizado que no cualquier sorbo de agua puede saciar esa sed para luego meter la cabeza hasta el fondo del pozo séptico más cercano.

 

 

  Y noto esa sensación, escondida en lo profundo de mi vientre. Como un pellizco astral que comprime mi estómago e intenta hacer que hiperventile. No puedo estar mucho tiempo sin cerrar los ojos, recostarme en la silla y respirar conscientemente para sobrevivirlo. Escribir estas líneas son como clavarme navajas a lo largo de todo el abdomen para hacer una fuente zen. Y cuando parece que llego a la paz resulta que es sólo el segundo antes de que caiga el aluvión de flechas en el valle en el que estoy con mi caballo. El eterno y silencioso segundo antes de que el sol quede eclipsado por madera y acero que, en breve, jugarán a los dardos con mi pecho, mi clavícula, mi esternón, mi tibia, mi peroné, mi cúbito, mi ingle, mi talón, mi glúteo, mi alma y mis deseos.

 

  Me avisaron muchas veces y escuché atentamente, pero supongo que no aprendí. Sólo eso parece poder explicar el derrotero en el que me encuentro.

  Aunque, honestamente, existe otra posibilidad: creo que estoy en un proceso de metamorfosis, de cambio. Necesariamente se tienen que romper los huesos y formar nuevas cosas. Qué sé yo de esto si no nací mariposa. Tiene que ser doloroso, creo. Cambiar la forma en que respiras, en que vives, en que andas, en que vuelas. Eso no puede ser fácil. No creo que sea un fenómeno pasivo.

 

  Espero que sea eso. Espero que esta soledad sea que me descamo de quien era para emerger como lo que voy siendo. También puede ser una simple crisis. Creo que me hace falta ponerme a trabajar pronto y dejar de estudiar tanto o terminaré suscrito al lexatín.


Miguel Ángel. 13/03/2024, Sevilla