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jueves, 30 de octubre de 2025

GEA Joe (1/2)

  Entro en el centro de salud a primera hora. A la izquierda hay dos máquinas con pantalla táctil. No las he usado nunca. Son intuitivas. Introduzco un número que me representa desde los catorce años y me escupe un papelito. Me doy la vuelta y lo veo.

  Hay veinticinco asientos dispuestos en filas de 5. Sólo veo las nucas de la gente. Mucho pelo blanco. Todos jubilados. Todos se quejan. Espero no levantarme tan temprano cuando deje de cotizar.

  Hay dos pantallas que indican a quién le toca. Sale el numerito que tienen los papeles escupidos impreso. Saco mi libro y comienzo a leer a Bukowski. Ya es la segunda vez que me pilla rodeado de gente mayor, pero esta vez he tenido la decencia de hacerlo en inglés. La señora a mi lado me mira con interés. Cree que soy extranjero. No entiende el idioma. Asume que soy de Europa del Este. Diez minutos después, en cuanto pueda, se cambiará de asiento.

 

  Los funcionarios comienzan a despertar de su letargo y las pantallas no paran de lanzar alarmas mientras una lista interminable de letras y números aparecen en los televisores. Los viejos no saben qué hacer. No están preparados para el ritmo del resto de los mortales. Se quejan más. “NO DA TIEMPO.” Algo de aire saliendo de mi boca me resuena a “a un jubilado. Esto es ritmo para contribuyentes.” Pero resulta ser sólo un suspiro porque tengo un gato limándose las uñas con mi colon.

  Cada pocos segundos vuelve a sonar la alarma y aparecen nuevas combinaciones. Nuevas personas citadas al matadero. Levanto la cabeza con cada sonido. Una de las veces me quedo mirando la primera fila desde la última, en la que estoy. Un dios graciosete está jugando ahora mismo a hundir la flota con esta gente. A1, resfriado. A2, artrosis. A3, cáncer. Tocado y hundido.

 

  Llego al mostrador. Deme la tarjeta. Aquí tiene. “Es antigua.” Lo sé. Pedí la nueva hace más de medio año, pero no tengo ganas de pelear. “Sí, lo siento.” “¿Por qué viene?” “Quiero cita de urgencias.” Teclea algo. Pasan unos segundos. Largos para una persona que necesita un cuarto de baño cerca en todo momento. “Le verá su médica.” El cansancio, el dolor, el hambre…no sé la combinación correcta, me hacen reír y decir “pero dígame la hora y la consulta.” No me responde, me extiende un papel. He sido un gilipollas. La cita es para las doce y media. No sabe para qué quiero la cita. Dada mi edad y apariencia, bien podría ser un consumidor habitual de cocaína con dolor de pecho. A nadie le importa. Que se muera un pagador de impuestos antes de que le salgan canas.


(Continuará)