El verano aprieta. La gente se queja. Yo disfruto, pero esa es otra historia.
Estudio. Pesa. Las horas se vuelven años. Paso por ecuaciones
diferenciales, línea a línea.
Más horas. Se derrite el verano.
No valen distracciones. Sigo estudiando.
Suenan 3 acordes. Se me eriza la piel. Sé que es ella.
Llevaba años sin escuchar esa canción. Explotan las emociones que he
sentido con ella en mi barriga sin recordar ninguna de las experiencias que las
generaron. La música me acompañó y me agarra del brazo para arrastrarme por mi
vida. Me mete en una ola en la que doy vueltas de campana sin saber qué es
arriba y qué abajo, con las fosas nasales limpias con el mar y la garganta
pidiendo tregua en forma de bocanada.
Y me encanta.
Paro las ecuaciones. Guardo la canción para no volverla a perder. Sigo.
Tú puedes, tigre. Tú puedes, tigresa.
Miguel Ángel. 16/08/25,
Sevilla
