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jueves, 23 de octubre de 2025

El abandono en la cima

  Tus necesidades sólo te importan a ti.

 

  Recientemente me enteré de por qué Franz Reichelt, o como a él le gustaba que le llamaran por aquel entonces, François Reichelt pasó a la historia. Para hablar de lo que a él le aconteció en 1912 tenemos que dar un pequeño salto a 1903, cuando los hermanos Wright realizaron el primer vuelo controlado y motorizado en Carolina del Norte.

 

  La historia de la aviación desde ese mismo momento se situó al costadito de François que en París, con 24 añitos, es un diestro sastre que apunta a lo más alto. Y allí es donde su vida se dirige, sin duda.

  Los siguientes años la industria de la aviación despega y en el lado del mundo donde se sabe de la noticia se puede respirar el progreso. El lejano mono surcando los cielos. Una nueva era de la piratería, ahora aérea, desde luego.

 

  Para cuando cumplió los 32 años, a François le habían concedido la nacionalidad francesa y quería aportar aún más de lo que sus muchas vestimentas habían tapado. Su curiosidad incansable y su deseo de mejorar el mundo le llevaron a diseñar un traje-paracaídas. Lanzó varios muñecos desde el quinto piso de su edificio y tuvieron éxito, lo que le llevó a apostar de manera firme por su invento.

  En 1912, François ya había cumplido 33 años cuando le permitieron hacer un experimento con muñecos desde la torre Eiffel, a 57 metros de altura. Allí le esperaban un doble equipo de grabación, algunos curiosos, prensa y policía.

  Cuando llegó a la plataforma con su traje y sus muñecos dijo que su intención, desde el momento en que supo que lo podía probar, era saltar él mismo. Aparentemente, nadie consiguió convencerlo, aunque tampoco parece que nadie estuviese preocupado. Al fin y al cabo, los experimentos habían funcionado. Al menos los primeros, porque todos los demás habían fallado. François se habría tatuado Skin in the game y habría sido amigo de Nassim Taleb.

 

  Así pues, se subió a la plataforma y dudó. Le jalearon un poquito. Esperó unos 20 segundos antes de cumplir una hazaña histórica y saltar, convirtiéndose en la primera persona en ser grabada muriendo, dando un porrazo estrepitoso contra la base de la torre y dejando un agujero. Su angustia duró poco más de 3 segundos y me da mucha curiosidad saber qué sintió. El forense indicó que murió de un ataque al corazón, pero no termino de creerlo.

 

  Todos los presentes sabían que era una locura. Un gran sastre. Un buen inventor. Alguien que podría haber probado muchísimas más ideas. Muerto por su necesidad de llevarse más allá. A nadie le importaron sus necesidades.

  A François no le dio tiempo a aprender que sus necesidades sólo le pertenecían a él. Al mundo le da igual que nos rompamos a 33 m/s, aproximadamente, sólo a nuestros quedos. En la Wikipedia no pone que nadie le echase de menos. Así se guardó su historia. Una cinta en blanco y negro. Una historia semijocosa. Un relato en un blog.

  Llegar a lo más alto así da vértigo.

 

Miguel Ángel. 03/10/2025, Sevilla