Me paso el día remando.
De lado a lado de esta laguna, que por nombre
tiene Estigia.
Almas que en pena vagan, a mi barco suben. En
mi barco comen, ríen, beben, follan, duermen, juegan, se abren, lloran…en mi
barco viven. Los soles se cambian por lunas y estrellas. Se vuelven a cambiar,
y ahí siguen las almas. Esta última vez subió una rubia.
En las primeras remadas, escuece un recuerdo
profundo. Escuecen todas las paladas del viaje previo, casi siempre. A la vez,
son dolores dulces. Me alegra que al otro lado hayan llegado.
Un día, sale el mismo sol de siempre, pero
este sol es distinto, y el aire es cálido cuando están encima a partir de ese
sol. Se siente vivo en la cara y el cuerpo. Da ganas de sonreír. Se sonríe más
cuando se lleva pasaje. De noche comíamos sushi y nos deshacíamos. Jugamos a
muchas cosas. Se picaba al perder. Era muy graciosa. Hablábamos de todo. Le
cambiaba el acento cuando hablaba con las almas de sus familiares.
Para cuando llegamos a la mitad del camino,
las almas ya no son las que entraron. Evolucionan de maneras impredecibles. Anda
con seguridad sobre ese culo y piensa con menos tinieblas. Su mundo ya no está
acotado.
Entonces, la realidad.
Ya es el fin. No me acostumbro. No sé
predecir cuándo llegaremos. Lo que yo pienso que es la mitad, a veces, es el
fin.
Algunas almas saben que el viaje tiene fin.
Son almas sabias. Más sabias que yo, que no paro de hacerlo.
La barca se revuelve cuando sale. Su peso
deja de arrastrarla un poco al fondo. Poco después, la barca vuelve a
revolverse. Siguiente viaje. Muevo los brazos para empezar.
A medida que el remo entra en el agua pienso
lo mismo durante varios días:
Primero, volverá.
Después, odio estos remos. Odio remar.
Más tarde, cuando vuelva del siguiente
viaje puede que me espere en el puerto.
Luego, los remos pesan demasiado. No
quiero remar. Quiero tumbarme. Respirar molesta.
Un día, fue bonito tenerla en la barca. Me
alegra haberla visto crecer. Hoy el sol es el mismo. Y sin embargo es
diferente.
Miguel Ángel. 12/11/25, Sevilla
