Enero, para mí, es el preludio de un hasta
luego, un abrazo y un beso que saben a ceniza y es, también, un cuadrado en un
papel, con 31 cuadritos más pequeños. Son 4 ó 5 domingos desperdigados con sus
momentos buenos y sus momentos malos.
Para mí, Enero es un monstruo con 3 cabezas
que protege a Febrero del odio. Para mí, Enero son palomitas y lagrimitas. Para
mí, Enero cabe en un puñal.
A mí, Enero me enseñó lo bonito que es perder
la partida rápido para aprender a engrandecer a los ganadores, para admirarlos
y para imitarlos frente al espejo.
Para mí, Enero es un ensayo fallido para el
resto. Para mí, Enero es la relajación de no ser el único que se tiene en el
punto de mira.
Para mí, Enero sabe a gloss labial, a tabaco
y a tacones en la mano de madrugada.
Enero, para mí, es una afirmación a medias y
un teclado para calentar las manos.
Para mí, Enero es la segunda peor persona del
local, pero es que Febrero ya está bailando con mi corazón, clavándole los
colmillos en la aorta…y mientras un corazón cansado se desangra en la pista de
baile, un cerebro con una camiseta de Camús invita a una copa a la segunda peor
persona del local.
Miguel Ángel. 28/01/2018, Sevilla
