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jueves, 22 de enero de 2026

Vaho

  Lo que se esconde detrás de una puerta normalmente causa tensión; hacia un polo (miedo) o hacia el contrario (excitación). Hoy yo he abierto una puerta. No hablo de metáforas, ni símiles, ni quiero que te cuadres frente al texto buscando la tangente a las líneas que lo enjaulan. He abierto una puerta. Es blanca. No he contado cuántas veces la he acariciado ni cuántas la he abierto, pero intuyo que menos de un millón, más de 100, probablemente unas mil.

  Hoy he abierto una puerta y, automáticamente, he sentido un bofetón. Me ha paralizado oler su pelo horas después de que se fuese a cenar con su pintalabios recién re-arreglado, con su sonrisa pizpireta, con sus ojos de tigresa. Casi me da un vuelco al corazón sentir un olor, unirlo a tantos recuerdos y sentir la sensación de meterte en la ducha, salir y ver en el espejo un mensajito cariñoso entorno al vaho.

  Como este vapor de agua, su olor se volvió más liviano y llegó un momento en que no pude distinguirlo más, como su propio olor que se me antoja tan cercano y tan diario que pese a todo lo bonito que podría tener saborearlo cada segundo, mi terca torpe trastocada memoria sólo me deja relamerlo cuando me falta.

  Seré tontorrón, las almohadas, los cojines, el sofá, mi ropa, su ropa, las plantas y la comida…todo huele a ella, pero sólo pude dedicarle una sonrisa de Picasso cuando se escondió de mí, cuando la encontré donde menos me lo esperaba; en el vaho que su aliento dejó esparcido por el espejo, detrás de una puerta blanca, delante de mis narices.

 

Miguel Ángel. 15/12/18, Barcelona