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jueves, 30 de enero de 2025

Bienvenido Mr. Lope (2/2)

-Hola Lope.

-Necesito un pijama.

  Esta conversación, carente de remilgos y directa al grano por parte de mi interlocutor, ya la había tenido anteriormente.

  Adiviné que no quería revelarme mucha más información sobre el accidente y le entregué uno nuevo con una sonrisa tras averiguar su talla. Acompañé esto con un “buenas noches” que respondió con una cigomática pero suave sonrisa, casi obligada. Nada que no se pudiese esperar de un desvelo accidental (aunque, visto en perspectiva, rutinario) a las tantas de la madrugada.

  El señor Lope volvió a inundar el pasillo con sus pasos unas pocas veces más mientras escribía estas líneas. En una de ellas (de las visitas), incluso me reveló el motivo de su aventura, pero no lo desvelaremos por el decoro que requiere hablar de pacientes y no de viandantes comunes que echan sus acciones al mar común que es la vida.

  Al rato, fue a por café, no sin antes advertírmelo para que yo pudiese recomendarle que lo hiciese descafeinado, a lo que respondió asintiendo y sonriendo nasalmente, como si fuese evidente que lo iba a hacer.

  Mi turno acabó y me vinieron a relevar sin que yo hubiese encontrado un motivo que justificase estos nocturnos trazos, pero creo que un par de milagros y una concesión bastarán. A fin de cuentas, echamos demasiada carga argumental al destino y tendemos a olvidarnos del camino, y son esos pasos los que llevan al café, y a los peregrinos a la salvación, y a mí, ahora, aparentemente, a descansar.

  ¡Buenas noches!

 

 

*Finalmente, fui a por más folios más adelante en esta historia. Los saqué de otra impresora. No pude cerrar la bandeja de papel tras esto. Compañeras tuvieron que parar lo que estaban haciendo para ayudarme a arreglarla. Para no arruinar la vida de una persona fastidié a cinco. La ironía.

 

Miguel Ángel. 10/1/2024, Sevilla.